Asesinato de periodistas, un reflejo de la violencia narco

El asesinato el lunes del periodista Javier Valdez reabrió una herida que nunca se ha cerrado en México: la tragedia de ver cómo se silencian con balas las voces que incomodan a las poderosas organizaciones criminales, en este caso las de narcotraficantes. Desde el año 2000 han sido asesinados 105 periodistas en México, 11 solo en 2016, una cifra récord. Además, 23 están desaparecidos. El 99,7% de estos asesinatos siguen impunes. México es considerado por la organización Reporteros Sin Frontera el tercer país más peligroso del mundo después de Siria y Afganistán.

Valdez, un respetado periodista del estado de Sinaloa, especialista en asuntos de narcotráfico y colaborador de AFP desde hace más de una década, fue la quinta víctima de esta violencia en lo que va de este año. En otras épocas los asesinos buscaban la oscuridad, sitios alejados para ultimar al mensajero, o secuestrarlo para luego abandonar su cadáver al cobijo de la madrugada. Hoy actúan con total impunidad. Valdez fue asesinado al mediodía, a balazos, en la calle, muy cerca de las oficinas de Ríodoce, el semanario que fundó en 2003.

Las víctimas anteriores de ese año murieron en situaciones similares. En marzo fueron tres periodistas ultimados a balazos: Cecilio Pineda esperaba a que lavaran su auto en un poblado del estado de Guerrero, Ricardo Monlui salía de un restaurante acompañado de su familia en Veracruz, y Miroslava Breach estaba en su automóvil al lado de su hijo en Chihuahua. En abril, Maximino Rodríguez murió baleado cuando en su automóvil llegaba a una concurrida tienda en Baja California Sur.

Este lunes, poco después de que mataban a Valdez en Sinaloa, otro periodista fue asesinado en el estado de Jalisco. Jonathan Rodríguez, de 26 años y periodista del semanario El Costeño, murió baleado en un atentado en el que además su madre, Sonia Córdova, subdirectora comercial de ese medio, resultó herida. En ese estado opera el violento cártel Jalisco Nueva Generación, que pasó de ser una célula del cártel de Sinaloa a uno de los más grandes y poderosos en el país.

“Matar sin piedad, con impunidad ¿hasta cuándo?”, se preguntó Ríodoce. “Impunidad asesina”, tituló La Jornada su editorial.

El gremio de periodistas mexicano se movilizó con manifestaciones y la iniciativa de îUnDíaSinPeriodismo, a la que algunos medios se acogieron. En el Ángel de la Independencia, emblemático monumento de la capital mexicana, pintaron las palabras “Nos están matando” y denunciaron que “la situación de vulnerabilidad de la prensa es insostenible”.

Las redes sociales hervían con las etiquetas #NiUnoMás, #NosEstánMatando y #NoseMatalaVerdadMatandoPeriodistas.

El asesinato de Valdez redobló la presión sobre el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto para encontrar y juzgar a los responsables de las muertes de reporteros.

El director para América Latina de Reporteros Sin Fronteras, Emmanuel Colombié, afirmó que “esta oleada de violencia pone en evidencia el estado de emergencia en que se encuentran los periodistas mexicanos”, y reiteró que “el gobierno mexicano debe actuar de manera proporcional a la gravedad de la situación y reforzar cuanto antes los mecanismos de protección de periodistas”.

La directora en México de la ONG Artículo 19, Ana Cristina Ruelas, señaló de su lado que “el Estado no es capaz de investigar diligentemente estos asesinatos y esto es un aliciente para que sigan matando periodistas”. La AFP, a través de su directora de la información Michele Leridon, también pidió al gobierno “esclarecer este cobarde asesinato”.

La Unión Europea también se pronunció ayer y pidió “investigaciones rápidas y transparentes” sobre la muerte de periodistas en México, indicó una portavoz de la diplomacia europea.

Javier Valdez, de 50 años, fue acribillado el lunes en Culiacán, la capital del estado de Sinaloa, cerca de las oficinas de Ríodoce, el semanario que fundó en 2003. Valdez, padre de familia, dedicó gran parte de sus casi tres décadas de carrera a investigar las actividades de los cárteles de la droga, en especial el de Sinaloa liderado por “El Chapo” Guzmán.

Con casi 30 años de periodismo a sus espaldas, Javier Valdez, muerto a balazos este lunes, se dedicó a cubrir e investigar temas relacionados con el narcotráfico en Sinaloa, bastión del cártel del poderoso y sanguinario Joaquín “El Chapo” Guzmán. “Ser periodista es como formar parte de una lista negra. Ellos van a decidir, aunque tú tengas blindaje y escoltas, el día en que te van a matar”, comentó Valdez en una de las presentaciones de su último libro, Narcoperiodismo, la prensa en medio del crimen y la denuncia. Fundó la revista Ríodoce, donde escribía la columna Malayerba. Nacido hace 50 años en Culiacán, la capital de Sinaloa, Valdez se ganó el reconocimiento como maestro de periodistas en su región gracias a sus coberturas y a su extensa lista de libros. Entre ellos destacan Miss Narco, que cuenta cómo sobreviven las mujeres en la cultura del narcotráfico, y Los Huérfanos del Narco, con desgarradores testimonios de niños que vieron morir a sus padres. Escritor nocturno y de carácter fuerte, tenía un alto sentido del compromiso con el periodismo, al que consideraba ante todo una labor social.

“Está cabrón y cada vez se pone peor, pero alguien tiene que hacer la chamba (el trabajo)”, comentaba. En octubre de 2011, el Comité para la Protección de Periodistas le otorgó el Premio Internacional de la Libertad de Prensa “por su valiente cobertura del narco y ponerle nombre y rostro a las víctimas”. Ese mismo año también recibió junto a sus compañeros de Ríodoce el María Moors Cabot, que concede la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia. “Mientras mejor haces periodismo y más te apasionas, te quedas más solo. Algún contacto tuyo, alguien que veía con simpatía tu trabajo, luego se verá perjudicado por un texto y se retira”, aseguró Valdez en una entrevista con el diario La Jornada, medio para el cual también trabajaba, cuando presentó su último libro. Padre de familia, Valdez, de rostro ancho y sonriente, solía usar un sombrero Panamá.

Fuente: Asesinato de periodistas, un reflejo de la violencia narco

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