Campaña des-educativa

Con acertado criterio, aunque demasiado tarde y segura víctima del partido mayoritario, el diputado nacionalista Gerardo Amarilla, al presentar en la correspondiente comisión parlamentaria un proyecto contrario a la comercialización en las farmacias, hizo notar que desde el Ejecutivo se incumple desde que se votó la ley en el 2013, con el artículo 10 de la ley que regula el mercado de la marihuana. Aparte de la incongruencia de que se comercialice droga donde se venden los productos para la salud, no se han puesto en práctica las políticas educativas para la prevención del uso problemático de la misma. En dicho artículo se establece que las campañas deberán ser incluidas en la currícula de Primaria, Secundaria y Educación Técnico-Profesional y que la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) será la encargada de instrumentarlas. El diputado hizo un pedido de informes el año pasado sobre el asunto y como suele suceder, nunca recibió respuesta. Pero supo por allegados a la ANEP que no hubo ningún avance en el tema.

Y ahí se encuentra, justamente, lo más pernicioso de esta iniciativa gubernamental. Lo que sí ha ocurrido desde que se empezó a debatir esta ley impulsada por el gobierno pasado, aun cuando según encuestas serias, 7 de cada 10 uruguayos estaban en contra, es una evidente contra-campaña, a favor del consumo de la marihuana. Con propagandas mentirosas sobre sus bondades terapéuticas, como por ejemplo, para los pacientes con glaucoma. Y por sobre todo, la desaparición de la percepción de riesgo.

En la actualidad se ha generalizado entre la juventud, la idea de que no es dañina para la salud mental ni corporal, y los resultados están a la vista. Lo dicen profesionales que trabajan con las adicciones, como en el centro Portal Amarillo. De acuerdo a su experiencia, antes los que llegaban a tratarse, rara vez traían como problema central a la marihuana y ahora sucede mucho más. Afirman que se nota una visión más permisiva hacia el cannabis. Ni siquiera los padres traen a cuidarse a un hijo porque fuma marihuana, como sucedía años atrás. Se ha instalado la noción de que el cigarrillo es malo pero la marihuana no hace nada. Cuando la realidad es que el hábito del cannabis presenta varios riesgos. Como ser, si se tiene una carga genética (que podría no desarrollarse nunca sin marihuana de por medio), de sicosis crónica, de esquizofrenia. Aparecen episodios con alucinaciones y alcanza con una primera vez. También ataques de pánico, bipolaridad, depresión, baja de la concentración, desgano. Disminuye el rendimiento en los estudios. Si bien la marihuana es menos adictiva que otras drogas, con la mayor disponibilidad es natural que aumente el consumo. La cantidad que se fuma y la regularidad, es lo que lleva al uso problemático.

El doble mensaje de las autoridades es absolutamente inaceptable. Empezando por dos exsecretarios de la Junta Nacional de Drogas, Julio Calzada y Milton Romani, que con caras sonrientes y triunfadoras hacían alarde frente a las cámaras fotográficas y de TV, en la puerta del Correo donde se instaló la oficina de registro de los consumidores. Parecían protagonistas de una tanda marketinera para potenciales clientes. Y por otro lado, la anunciada campaña educativa, (que ya se ve y se oye poco) donde quienes alertan contra la marihuana lo hacen siempre de espaldas y cuando personas que son referentes populares hablan a favor de la iniciativa oficial, transmiten el mensaje mirando de frente, como bien lo observara el ojo de publicista de Ahunchain.

Fuente: Campaña des-educativa

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