Vivir y morir en la calle

Solo en Montevideo hay 556 personas que viven en la calle, según las cifras del último censo del Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Son los que se niegan a ir a los refugios. Los que dicen que tienen razones de peso para soportar el frío. Aunque las consecuencias, a veces, sean letales.

Farías tenía unos 40 años, pero nadie sabía su edad exacta. En realidad son pocos los que conocían algo de su pasado. Su último instante lo paso bajo una vieja y rota frazada que antes había sido de otra persona. Falleció el domingo 4 de junio de madrugada en una plaza del barrio Palermo. Esa misma noche, a unas cuadras de allí, en una esquina del Centro, bajó otra frazada tan vieja y rota como la de Farías, estaba Julio. Dice que no tuvo “nada de frío”. 

Julio tiene 60 años y hace tres que duerme a la intemperie. Siempre está en la misma esquina y nunca nadie le pidió que se fuera. Se hizo la parrilla de su cama con cajones de verdura y cajas de cartón. Sobre ellas apoyó un colchón que alguien abandonó al lado de un contenedor de basura. “No es muy cómodo”, reconoce. La frazada, en cambio, “abriga bastante”. Él aclara que así está bien, y que no quiere nada que provenga del Estado. “Yo no creo en la política. No creo en nadie. No preciso a nadie”, enfatiza, mientras come unas rodajas de queso de cerdo y toma unos mates visiblemente lavados. Cuenta que ese termo y ese mate son de las “pocas cosas” que se llevó cuando se fue de su casa, porque ya “no soportaba estar más bajo el mismo techo” con su sobrino adolescente, “que agarró para la pasta base”. Son las nueve de la noche pasadas y Julio muestra una botella de Coca Cola light de 250 ml, que dice guardar para más tarde, y aclara, sin que nadie se lo pregunte, que dentro de ella no hay vino. “Yo no tomo alcohol, nunca me gustó el alcohol”, afirma. Cuenta que trabaja en un almacén que está en la misma cuadra donde tiene sus cosas. Ahí le dan la comida, la yerba y, a veces, “algunos pesitos”.

A unas pocas cuadras, en otra esquina del Centro, Carlos prepara todo para acostarse. Acomoda unos cartones y se hace un colchón con un montón de prendas amontonadas. Tiene un buzo de lana azul, bastante roto, que no recuerda quién le regaló. Está desabrigado para el fío que hace. Luce una boina gris, muy bonita, que no quiere decir quién se la obsequió. Carga con la convicción de que allí está “mucho mejor” que en un refugio del Mides. Dice que en este 2017 cumplió 60 años. Y asegura que vive en la calle desde 1960. Si es cierto, vive en la calle desde que tiene tres años.

Según el Mides, las 556 personas en “situación” y “disposición de pernoctar en la calle” están distribuidas en “408 puntos” de Montevideo. Se niegan a ir a los refugios, que son administrados por varias ONG y controlados por la cartera. Este es el caso de Julio, que dice que una vez fue a un refugio, pero cuenta que no va más porque “está lleno de drogadictos”. También es la realidad de Carlos, que dice que no va más porque “te roban todo, todito, todo”. Y también era la situación de Farías, que hace una semana se murió de frío.

Fuente: Vivir y morir en la calle

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