En 2016, uno de cada cinco policías pidieron ayuda psicológica

El 2012 fue un año negro para la Policía. Las cifras de suicidio llegaron a un nivel tal que por cada muerte de un agente trabajando, cuatro se quitaban la vida. El 2013 no fue la excepción: en dos semanas, cinco efectivos de la Guardia Republicana se suicidaron. La seguidilla siguió y la atención psicológica y psiquiátrica pasó a ser cada vez más necesaria. Suicidarse era y es la principal causa de muerte de los policías.

Ese mismo año, la Unidad de Estrés de la Dirección Nacional de Asuntos Sociales de Sanidad Policial atendió 700 casos de policías que requerían un tratamiento psicológico. El subdirector nacional de Sanidad Policial, Federico Pedraja, indicó a El Observador que cuando un policía llega a la unidad “se pretende no llegar al retiro del arma porque hay un estigma y solamente se retira en situaciones de riesgo, tanto para sí mismo o para otros”. En tan solo tres años, los casos atendidos prácticamente se multiplicaron por diez. De los 700 atendido en 2013, se pasó a 6.000 en 2016, indicó Pedraja, sobre uno total de unos 30.000 uniformados. Eso significa que uno de cada cinco policías recurrió a ayuda psicológica.

De esos 6.000, la mitad fueron “consultas directas” y el resto fue en talleres. “Se pasó de esperar a que el policía viniera a consultar a la unidad a trabajar esa modalidad y también a realizar talleres en todo el país. Además se alcanzó el año pasado a cubrir todos los departamentos con psicólogos, que se capacitan en Sanidad Policial en estrategias para el abordaje del estrés post traumático, sobre todo. El éxito mayor es que el personal policial concurra y utilice la unidad. Pasar de 700 a 6.000 atendidos significa un crecimiento importante en la aceptación para poder visualizar un problema que está”, afirmó Pedraja luego de una conferencia organizada por el Ministerio de Salud Pública (MSP) en el marco del Día Nacional de Prevención del Suicidio.

Uno de esos 6.000 casos atendidos el año pasado fue el de María (nombre ficticio), una policía de la capital. En 2015 debió atenderse con un equipo de especialistas a pedido de sus jefes, le realizaron pericias psicológicas y los resultados fueron normales. María siguió trabajando pero los problemas continuaban. Al año siguiente, la policía decidió acercarse por su cuenta a la unidad de estrés porque entendió que la situación “no daba para más”. “La situación que le provoca el estrés es multicausal. Porque no es solo el de la función, son las situaciones que vive en el entorno de la familia o en el trabajo” Federico Pedraja, subdirector de Sanidad Policial

“Es que lo que tenemos como herramienta de trabajo, no es una banana, es un arma, por eso nos hacen pericias. Tuve varias entrevistas con psicólogos y psiquiatras y nunca me desarmaron”, dijo a El Observador. Si bien reconoció la atención recibida, María cuestionó que en cada visita a la unidad la atendía un especialista diferente.

“Debería ser la misma persona la que te atiende”, afirmó. Mientras la atendían, los problemas en su trabajo seguían y una junta médica determinó que a María la desarmaran. Ahora, aguarda una nueva evaluación para poder recuperar su arma y volver a trabajar. Es común para el Sindicato de Funcionarios Policiales de Montevideo escuchar historias como la de esa policía. Héctor Alaniz, dirigente del gremio, indicó a El Observador que cuando llegan a la unidad de estrés es porque “están desbordados”. Por ese motivo, en el gremio reclaman mayor trabajo de prevención de situaciones que pueden llegar, incluso, al suicidio.

6.000 casos se atendieron en 2016 de policías que necesitaban seguimiento psicológico o psiquiátrico. La mitad participó de talleres. En ese marco, Sanidad Policial capacita a policías para que sean consejeros de sus compañeros. “Se lo selecciona con un perfil especial y se le enseñan estrategias de abordaje del estrés de prevención de suicidio y en el área de la salud ocupacional”, indicó Pedraja. El tratamiento puede ir de seis meses a un año para quienes llegan a la unidad. Pretendemos estar para el policía. Poderlo apoyar”, agregó el jerarca.

 

Perfil para el ingreso

 

Según lo que establece la ley orgánica policial, todos los agentes tienen un seguimiento psicológico, “para evitar llegar a situaciones que no pueden controlar”. Pedraja estimó que el año que viene habrá 1.200 ingresos de policías nuevos a los que se les realizó una prueba psicológica y que en cinco años la cifra llegará a 3.000 ingresos en esas condiciones. Cuando un policía ingresa “se le hace una historia y una elaboración psicolaboral cada dos años”, indicó el subdirector de Sanidad Policial.

 

La violencia doméstica como desencadenante

 

“Me tocó en un compañero que conocí y, en aquél entonces, éramos compañeros de salidas. De repente salíamos a bailar porque estábamos solteros y tuvo un problema familiar. Y se quitó la vida”. El relato fue realizado por un policía al psicólogo Gonzalo Corbo, para la investigación de Facultad de Psicología “Violencia con uniforme: Cuando el denunciado por maltratar a su pareja es un policía”. En esa investigación, en la que entrevistó a policías que ejercieron violencia de género contra sus parejas o exparejas, el especialista señala que una de las situaciones que afectan a los policías “está relacionada con el conocimiento directo de un colega que se suicidó”.

Corbo afirma en su investigación que los policías son más propensos a maltratar a sus parejas en primer lugar porque existe una “íntima relación entre los fundamentos ideológicos del instituto policial y los formatos de una masculinidad hegemónica”, pero también destaca otros factores, entre los que se ubica, precisamente, ver de cerca casos de suicidio. “La incidencia del suicidio en la población policial es mayor al promedio de la ciudadanía”, indicó en su estudio.

A su vez, Corbo también relacionó el suicidio como una consecuencia y no solo una causa de la violencia doméstica. Es decir, policías que se quitaron la vida por haber ejercido violencia contra sus parejas o exparejas. “Aunque los entrevistados recuerdan momentos de malestar, este es pasajero y más ligado a la sensación de pérdida o fracaso que a un sentimiento propiamente de vacío. Igualmente resulta destacable la mención a autoeliminarse con un arma de fuego, siempre presente como potencialidad autodestructiva”, afirmó en la publicación. De todos modos, Corbo destacó que en los casos que analizó –todos policías que tienen hijos– “la motivación de querer acompañarlos (a los hijos) y sentir el deber de protección, parece actuar como límite para cualquier consideración de otras situaciones”.

Más allá de esos factores, la sospecha o la infidelidad de la mujer es otro detonante de estos casos. La transgresión de mandatos de género por parte de las denunciantes fue un elemento justificador de la violencia ejercida. El informe realizado por la Facultad de Psicología concluye que 94% de los agresores atendidos son funcionarios policiales de los grados más bajos del escalafón.

Fuente: En 2016, uno de cada cinco policías pidieron ayuda psicológica

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