Uruguay y la democracia… ¿Qué democracia?

Los miembros del Club Bilderberg, infiltrados en los organismos públicos y privados en los que desempeñan su discreta labor, aseguran defender la implantación de la democracia en todos los países del mundo. Pero en un analísis primario, ateniéndonos a su composición interna, observamos que ellos no predican con el ejemplo. Es un club cerrado, no elegido por el pueblo ni mucho menos representativo de este, ya que sus miembros están a años luz de lo que es un ciudadano corriente. Estos grupos de poder detrás del poder son los que han hecho de los países laboratorios donde manejan los intereses a su antojo. Un claro ejemplo de esto es lo ha ocurrido con el negocio de la marihuana en Uruguay.

Son empresarios multimillonarios, influyentes hombres de negocios, de la política, de la banca, que no tienen en cuenta a la opinión pública para la aprobación de su Nuevo Orden Mundial. Ya lo pronosticó el banquero James P. Warburg: “Tendremos un Gobierno Mundial, guste o no. La única cuestión es si será por consentimiento o por imposición”

El Club Bilderberg está por encima de métodos parlamentarios, por encima de la ley; es más ellos hacen la ley, dictan los mandatos que a través de las redes de influencia que han establecido serán posteriormente aprobados en los organismos democráticos. Esa legislación afecta a millones de ciudadanos corriente, se inserta en un plan global que ya alcanzó el consenso en Bilderberg con anterioridad. Lo peor es que aunque algunos de sus fines generan beneficios a los ciudadanos, el trasfondo de los sucios manejos que utilizan para conseguirlos de forma ílicita los despoja de su valor y significado.

En cuanto al negocio de la marihuana en Uruguay, al igual que ocurrió con la industria del aborto, el país vuelve a ser un laboratorio que exportará el modelo al mundo entero si resulta óptimo a sus intereses. El núcleo duro de Bilderberg, con David Rockefeller a la cabeza, está muy  interesado en encontrar una fórmula para regular el mercado mundial de la marihuana, parte del cual está en mano de traficantes ilegales que no contribuyen con sus ganancias a los tributos e impuestos fiscales de dicha actividad ni a las empresas del clan del multimillonario. “Venir  a verlo a usted es para nosotros como cruzar el Rubicón, porque usted es el símbolo de una realidad, y nosotros siempre reconocemos las realidades”, le dijo al magnate estadounidense cuando, en setiembre de 2013, Mújica se desplazó hasta la vivienda de Rockefeller en Nueva York, donde le informó los últimos planes del proyecto. El mismo Mújica reconoció que se trataba de “un experimento” a los periodistas que le esperaban a la salida de tal reunión. Uruguay es el laboratorio y los uruguayos son los conejillos de Indias de Rockefeller y su amigo Soros. Las consecuencias negativas de este experimento no la sufrirán su hijos, sus nietos, si no los hijos de los uruguayos. Ya podrían hacer las pruebas y ensayos en sus casas y con las familias en vez de convertir el mundo en una granja de experimentación humana, sobre todo con las polémicas semillas trangenicas de Monsanto cuyos efectos secundarios en la salud, recién comienzan a conocerse.

*Por Cristina Martín Fernandez “Los amos del mundo al acecho”

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