Diversidad: pasos en falso y grandes desengaños

En días en los que nos vemos rodeados por la transexualidad y sus polémicas, Uruguay presenta un caso por demás emblemático, entre la ley y el desorden. La velocidad con el que avanzó la carrera de Michelle Suárez se aceleró estrepitosamente hacia su caída, pero ¿qué frutos legislativos quedaron de este árbol corrompido?

A solo dos meses de su juramento ante el Senado, fue obligado a dejar su cargo y su reputación se vino abajo. Primero fue un informe que recogía testimonios de ex clientes que lo acusaban de estafa. Allí aparecía también la historia de un hombre que perdió la patria potestad en 2014, a raíz de una firma suya que, según advertía, no había sido escrita por él. Junto a esa firma aparecía la de Suárez. La justicia tomó cartas en el asunto, dictando en estas horas prisión domiciliara. El ex legislador fue condenado por cuatro delitos de falsificación, un delito de estafa y falsificación de documento privado.

Lo que la crónica no recoge entre líneas, son algunos de los frutos de la carrera política de un árbol corrompido. Debemos recordar que cuando este senador asume su banca lo hizo con el compromiso de impulsar una ley integral para personas trans. Este proyecto, entre otras barbaridades, plantea  que en el caso de los menores cuyos padres se oponen al tratamiento de hormonización, puedan recurrir a la Justicia quien –según plantea el proyecto- “deberá tener en cuenta el interés superior del menor” para determinar si debe acceder a la intervención. Por lo cual en la práctica permitiría que menores de edad, sin el consentimiento de padres pero con el de un juez puedan realizarse un tratamiento hormonal. Esta es la bandera que asumía un personaje con un pasado turbio al prestar juramento como legislador.

Pero no acaban aquí sus dudosos logros, debemos recordar que previa a su carrera política, culminó otra carrera… la de abogacía, donde una vez obtenido su Título acaparó la atención de la prensa, su festejo fue organizado por el Colectivo Ovejas Negras, donde se desempeñó como asesor jurídico y desde el cual militó para impulsar el matrimonio igualitario. Federico Graña, activista LGBT, afiliado al Partido Comunista y actualmente director de Promoción Sociocultural del Mides, lo conoció por esos días y se deslumbró con su inteligencia. “Enseguida la vi como una tipa muy capaz y con mucha fuerza”, recuerda.

Con esos atributos, Suárez se puso al hombro el proyecto de ley de matrimonio igualitario, el cual redactó, que terminó siendo aprobado en el Parlamento en 2013. En ese día histórico para el movimiento LGTB, Graña y Suárez coincidieron en las gradas del Senado.

Este Federico Graña, es quien hace pocos días con respecto de una charla contra el totalitarismo de la Ideología de género, brindada en el Palacio Legislativo, por Agustin Laje y Nicolás Márquez, de acuerdo a todas las de la ley,  publicara en su cuenta de la red social Twitter: “Hoy, justo cuando cumplimos 5 años de aprobado Matrimonio Igualitario, con el voto de 81 diputad@s, el provocador del diputado organiza una charla en el parlamento sobre un libro que nos trata de enferm@s y depravados. Y le pone de nombre Paternidad Responsable..” 

Tal fue la controversia que generó poner simplemente la posibilidad del debate en la mesa contra una ideolgía impuesta, sin rigor ciéntifico alguno, que el Diputado Gerardo Núñez, elegido por el Partido Comunista Uruguayo – recordemos que es el mismo partido que lleva al senado al ex legislador hoy procesado por la justicia – ha propuesto una resolución interna para prohibir de ahora en adelante “la realización de eventos que inciten al odio”.

Al respecto el conferencista Agustin Laje, expresaba con acierto: “Es importante recordar, al respecto, que toda vez que los partidos comunistas llegaron al poder en los distintos países del mundo, una de las primeras cosas que hicieron fue aplastar la libertad de expresión. La historia está abierta a ser leída, y nadie puede decir luego que no sabía. Prohibir la libertad de palabra, lejos de constituir una forma de “lucha contra el odio”, es la manifestación del odio más recalcitrante: aquel que odia tanto como para silenciar al otro, hace de éste no un adversario sino un enemigo”

Hoy más que nunca, nos preguntamos ¿quiénes nos gobiernan? ¿es realmente separable la vida pública de la privada? y sobre todo ¿que frutos dejan en nuestras leyes personas con una integridad cuestionable? John Morley decía: “Ningún hombre puede escalar más allá de las limitaciones de su carácter”, lamentablemente nuestro sistema político si lo permite, y aunque las consecuencias en algún momento alcancen a quienes eligen obviar la ética en su vida personal, su obrar legislativo hoy obliga en nuestro sistema jurídico, destruyendo valores, pisoteando principios, y afectando irreversiblemente a nuestra sociedad.

 

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